Una falacia sobre la relación entre  pensiones y pirámide demográfica.

por

Julio Mirás-Amor*

1- Presentación del problema.

Hace ya bastantes años que se viene mortificando a la ciudadanía con la amenaza de que el Estado español no podrá pagar las pensiones. Recuerdo que allá por los años 90 del pasado siglo, con ocasión de la publicación de los datos aportados por el Censo General de la Población (INE) y de las subsiguientes estimaciones de las tablas de mortalidad y sus parámetros, arreció la citada amenaza y se recrudeció la campaña para que confiaramos nuestros ahorros a bancos, sociedades de inversión, etc.

De esto han pasado 25 años y las pensiones públicas, afortunadamente, siguen ahí . Sin embargo muchos jubilados han perdido parte de sus ahorros, cuando no la totalidad en "preferentes", "inversions filatélicas", "lehman brothers" y estafas varias.

En los últimos años no solo se vuelve con insistencia a estos agüeros sino que además observo en toda clase de comunicadores una suerte de mecanismo mental según el cual, en cuanto aparece en el discurso la palabra pensiones, automática y acríticamente se acepta que están en peligro "por el envejecimiento de la pirámide demográfica". De tal modo que este aserto se toma como un postulado incontrovertible y toda la conversación deriva inevitablemente hacia el pesimismo total o a un inserto bancario-financiero recomendando que le confíes tus ahorros que ya él los invertirá en un juego (bolsa y similares) cobrándote su comisión ganes o pierdas.

Tal aserto no es más que una vulgar falacia.

No me voy  extender mucho en la siguiente afirmación, aunque no estaría de más un análisis más profundo: Digo, en descargo de muchos de esos comunicadores que en mi opinión se ven sorprendidos en su buena fe por informes, incluso "oficiales" y de instituciones europeas o internacionales que predican tal falacia. Sin duda elaborados por técnicos incompetentes o interesados.

2- Un bonito ejemplo de correlación espuria. 

Un entretenido ejemplo cuya idea base tomo de A. Acín (1) servirá para hacer más ameno y comprensible mi discurso.

Supongamos que un investigador experimental afirma:

He constatado experimentalmente que las personas que calzan un número de zapato entre 38 y 43, tienen un léxico más rico y hablan mejor que las personas que calzan un 22 o un 23.

Los comunicadores a los que me referí antes, cuando se encuentren, por ejemplo, a una madre con pequeño hijo que acaba de cumplir 2 años, inmediatamente afirmarán:

Claro como ella calza un 39 habla mejor que su hijo.

Con las pensiones y la pirámide demográfica ocurre algo parecido.

3- Población Activa y reparto del Producto Nacional.

Aunque exista un complejo sistema de normas al respecto (impuestos, cotizaciones, clases pasivas, tipos de beneficiarios, tiempo en edad laboral, edad de jubilación, etc.) y tipología de sistemas (de capitalización, de solidadaridad, mixtos , etc.) en esencia:

El gasto en pensiones deriva de una decisión política que establece los mecanismos según los cuales se destina a este fin una parte del producto de la actividad económica del país.

Como es sabido este producto se obtiene mediante el cocurso del capital, del trabajo humano y de otros recursos y materias primas. España tradicionalmente se ha distinguido entre los países, digamos del primer mundo, por una baja tasa de actividad y alta tasa de paro (aunque la primera ha venido aumentando merced a la incorporación de las mujeres a la actividad laboral). Así, tenemos muchas personas capacitadas para trabajar que buscan pero no encuentran empleo, engrosando el saco del paro o huyendo hacia la emigración (dramática perdida para el país en ambos casos).

Resulta entonces que no vale decir: No va a haber gente para trabajar , ya que por desgracia lo que "sobra" es gente que desea trabajar y no encuentra empleo. Además existen miles y miles de personas extranjeras que estarían encantadas de  trabajar en España.

4-  Se trata de un problema económico, no demográfico.

Cierto es que España, como muchos otros países, viene experimentando desde aquel máximo número de nacimientos, en torno a 1976-77, un paulatino descenso de la diferencia entre nacidos y fallecidos conduciendo a una pirámide de población cada vez más engrosada en edades adultas y seniles, y estrechada en la edades jóvenes. Pero las pensiones no dependen directamente de esto.

La mamá del ejemplo habla mejor que su hijito pero, obviamente, no es porque calce un zapato más grande.

En mi opinión el asunto ha de verse con mayor rigor y perspectiva temporal. Lo diré de forma resumida y un poco castiza:

Si hay trabajo habrá maestros, médicos, carreteras, trenes, jueces, seguridad pública, música, teatro …. y pensiones.

Si no hay trabajo no habrá ni maestros, ni médicos, ni carreteras, ni trenes, ni jueces, ni seguridad pública, ni música, ni teatro … ni pensiones.

Como ya he dicho antes, gente que no trabaja y desea trabajar hay de “sobra” ya sean españoles o extranjeros y quizás va a continuar esta situación durante algún tiempo, por tanto el quid de la cuestión reside en mantener y acrecentar la actividad económica.

Donde hay trabajo acude la gente, no se preocupen. No hay más que ver lo envejecidos que están los pueblos y ciudades de precaria economía rural y la dinámica demográfica de los grandes centros económicos como Madrid y Barcelona. 

Ni soy economista ni tengo dotes de empresario pero creo que además de mantener la inversión en aquellas actividades económicas  tradicionalmente rentables, creo que se debe hacer todo el esfuerzo que sea posible para invertir en investigación, ciencia, tecnología, innovación … No hay otra solución. Si así se hace, habrá trabajo y habrá Producto nacional para repartir (Ah! y habrá gente de sobra para trabajar). Dejémonos de echarle la culpa a la demografía.

Cómo se haga el reparto del Producto nacional ya es cosa de políticos prudentes e inteligentes. 

5-  Consideraciones finales.

Es evidente que la vida de los seres humanos en la Tierra, como la de todos los seres vivos, implica un esfuerzo, una lucha podríamos decir. En nuestro caso, la organización social de este esfuerzo cooperativo nos ha permitido alcanzar estados cada vez más perfeccionados: el lenguaje, la agricultura, la escritura, las leyes, la arquitectura, la ciencia, etc. etc. Pero conlleva una disciplina, un trabajo duro o muy duro a veces.

Digo esto para aclarar que no pretendo con este discurso insinuar que el mantenimiento de un sistema justo y equitativo de pensiones sea tarea fácil. Al contrario requiere de toda nuestra inteligencia social de la misma forma que lo requiere el  mantenimiento  de la Sanidad, la Educación, la Justicia, la Seguridad, las vías de comunicación …

Por otra parte he de admitir que el título del apartado 4 , aunque ya lo he mencionado a lo largo de la exposición, es una simplificación y con mayor rigor debería decir:

 El mantenimiento del sistema de pensiones no es en principio un problema demográfico, sino un problema económico en un contexto político dado.

Por último quiero recordar algo obvio. Puesto que el futuro es desconocido aunque la ciencia consigue en muchos casos predecirlo casi con exactitud, todo lo dicho es inútil si se monta una guerra o un meteorito de gran tamaño impacta sobre nuestro planeta, por ejemplo.    

 6-  Item más.

 Se me olvidaba. Conviene recordar que:

 1.- Además de la fuerza de trabajo no empleada (los parados o desempleados de un país) y los extranjeros dispuestos a trabajar con nosotros, existen miles y miles de jubilados que podrían aportar al Producto nacional una importante contribución.

¿Cuántos investigadores, artistas, profesores, sanitarios, ingenieros, artesanos, etc. estarían dispuestos a continuar su actividad bajo fórmulas económico-fiscales y horarias adecuadas ?

2.- Además existe un ejército de desanimados, calificados de inactivos, buena parte de los cuales estarían dispuestos a trabajar si … hubiera trabajo. 

3.- Como acertadamente afirma Laura Lorenzo Carrascosa (2):

“Esta inquietud (de que el envejecimiento de la población podría comportar una desestabilización del Sistema de la Seguridad Social y la crisis del Estado de Bienestar) parte del planteamiento erróneo de que el envejecimiento de la población produce una disminución de la población potencialmente activa, y no un descenso de la población dependiente joven, como realmente sucederá”. 

Es deseable que las formaciones políticas y los medios de comunicación hagan caso omiso de consignas financieras interesadas y pongan más imaginación y confianza en el poder de la voluntad humana. Amén de rodearse de técnicos competentes.

 

* Matemático y Estadístico Superior del Estado, jubilado.  

Referencias:

(1) Antonio Acín y Eduardo Acín. “Persiguiendo a Einstein”. Colección Descubrir la ciencia. Batiscafo S. L.

(2) Laura Lorenzo Carrascosa. “Consecuencias del envejecimiento de la población: el futuro de las pensiones”. Informe elaborado como becaria del INE. 

(3) página web: documentopensiones.org